Thursday, April 20, 2006

Tuesday, January 31, 2006

NIEVE Y FRÍO EN CÓRDOBA


Vista de la Mezquita y el puente romano: Eduardo Javier Rodríguez

Carmen Ayllón. Abrigo, guantes, bufanda y un buen gorro: ¡nos vamos a la tierra donde vive el sol! Durante el paseo desde Madrid a Córdoba nos sorprende una imágen invernal e inédita: Puertollano teñida de blanco bajo un sol radiante, Despeñaperros alfombrada de nieve y los olivos de la provincia de Jaén, más dados al calor que al frío, luciendo canas de invierno.

A Andalucía le ha tocado el gordo del temporal que ha paseado lluvias, viento, nieve y temperaturas bajísimas por toda España. ¿Has visto alguna vez Córdoba nevada? Aquí sólo la recuerdan unos pocos y fue hace más de treinta años.

Córdoba se levantó sorprendida el pasado domingo por la nevada que la noche dejó en silencio sobre la capital. Los cordobeses sospechaban que no debía andar muy lejos ya que el frío durante todo el día fue intenso.

Eduardo Javier Rodríguez

La noche dejó temperaturas bajo cero en el centro de la ciudad y, alrededor de las cuatro de la madrugada, los copos empezaron a cuajar dibujando una estampa que no se veía por estas tierras desde hace más de treinta años.

Los cordobeses, más acostumbrados al calor extremo del estío andaluz, disfrutaron de una nevada histórica
Niños y mayores pudieron apreciar el manto que, durante unas horas, hizo más bella una ciudad que de por si lo es. Mándanos tus fotos a amaralya@ msn.com.

Saturday, December 17, 2005

CASAS CON ENCANTO


Patio andalusí: Eduardo Javier Rodríguez

Cálida, acogedora, intimista y, al mismo tiempo, misteriosa. Así es el interior de la casa andalusí de los siglos XII-XIII. El historiador andaluz Pedro Marfil Ruiz dijo de ella que “es algo más que una casa, es un ambiente vivo y que invita a vivir” gracias a sus aromas y su colorido que “llenan todos los rincones”.¿Te gustaría viajar en el tiempo para conocer la Córdoba morisca?

Disfruta de la paz y del sosiego que te brinda la casa andalusí. De la riqueza de su artesanía, de los olores y los sabores de una época que no muere en la ciudad eterna. Podrás hacerlo si acudes al número doce de la calle Judíos y visitas la casa-museo andalusí.

Interior de la casa andalusí: Eduardo Javier Rodríguez

La casa andalusí ofrece al visitante una falsa apariencia. Su sobrio aspecto externo hace que pase desapercibida. Los muros y balcones están decorados con tupidas celosías que impiden al curioso observar lo que ocurre dentro.

Es como un cofre en cuyo interior se encuentran preciosos tesoros. Engaña al visitante que, al cruzar el zaguan, empieza a percatarse de tales riquezas. La mayor, sin duda, para los árabes era el agua, y así lo es también para los moradores de estas calurosas tierras. Por eso, las casas cordobesas tradicionales tienen un patio en torno al que se organizan las demás dependencias y en cuyo centro habita un pozo o alberca.

Patio andalusí: Eduardo Javier Rodríguez

Vivos, misteriosos y aromáticos, así son los patios andalusíes. En ellos se hacía gran parte de la vida cotidiana, en ellos se reunían sus dueños bien para celebrar acontecimientos y festejos bien para pasar la velada de noches calurosas, en ellos se colorean las fachadas con aromas de claveles y azahares.

Sunday, December 04, 2005

CÓRDOBA MEDIEVAL



Posada del Potro: Eduardo Javier Rodríguez Lopera

“Quiso la mala suerte del desdichado Sancho que entre la gente que estaba en la venta se hallasen cuatro periles de Segovia, tres agujeros del Potro de Córdoba y dos vecinos de la Heria de Sevilla”. No es ésta la única referencia que hace Miguel de Cervantes a la Posada del Potro en su obra más universal. La cita hasta tres veces en varios de los capítulos de “Don Quijote de la Mancha”.

Al entrar en la posada nos encontraremos con un patio en torno al que se organizan las dependencias. “…se dio luego orden como velase las armas en un corral grande que a un lado de la venta estaba; y, recogiéndolas don Quijote todas, las puso sobre una pila que junto a un pozo estaba…”

Es el prototipo de vivienda de los siglos XIV y XV. En ella se respira todavía un aire medieval que nos traslada a épocas lejanas en las que comerciantes y viajeros se trasladaban a pie o a caballo. Cansados, ateridos de frío o acalorados por el estío andaluz, hacían escala en las ciudades y pueblos que les acogían.

El propio Cervantes residió en esta posada donde trató con “ricachones del pueblo, hidalgos, palurdos y maleantes de aldea”.
El escritor conocía Andalucía muy bien ya que en 1587 el rey Felipe II le nombró Comisario Real de Abastos. Tenía como misión requisar los cereales y el aceite de las poblaciones de toda la región para financiar la escuadra de la Armada Invencible.
A Cervantes no le gustaba este trabajo pero el rey no le dio otra opción. A causa de él estuvo encarcelado en Écija y en Sevilla y fue excomulgado en dos ocasiones. Así es como llegó a Córdoba.

Fuente del potro: Eduardo Javier Rodríguez

La posada del Potro está ubicada en un barrio que tradicionalmente se ha dedicado a la compra-venta de ganado, En la cercana calle de Feria se comerciaba con potros. La plaza en la que se sitúa la posada lleva también el nombre de este animal, al igual que la fuente renacentista que hay en el centro y que está coronada por un potrillo.

Se conserva en perfecto estado desde que hace 600 años comenzara su labor de albergar a las más diversas gentes. Realizó su función hasta 1972 en que pasó a manos del Ayuntamiento de la ciudad que la convirtió en espacio cultural. Actualmente se celebran en ella representaciones teatrales, exposiciones y diversos actos culturales, de forma temporal.

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Wednesday, November 23, 2005

PERDERSE ES UN PLACER

Eduardo Javier Rodríguez Lopera

Las calles céntricas de Córdoba son el mejor lugar para perderse con buena compañía. Callejas y callejuelas, situadas alrededor de la Mezquita, ofrecen una imagen tranquila y sosegada de la ciudad.

El momento de disfrutarlas es por la noche, solitarias y silenciosas. El murmullo de alguna fuente es el único sentir que interrumpirá nuestro paseo.

No abandones Córdoba sin visitar la calleja del Pañuelo que es tan estrecha como la longitud de un pañuelo de un extremo a otro. No puedes dejar de ver tampoco la
calle de las Flores cuyo nombre es evidente. Esta vía está plagada de macetas de todos los colores
que cuelgan de las blancas fachadas de sus casas y crean una estampa preciosa.

Típicos son los
patios, cuidados con esmero por sus dueños durante todo el año. Sus puertas se abren al público la primera semana de Mayo, momento en que se celebra el Concurso de patios y rejas. Es admirable apreciar la variedad de plantas y flores que hay en ellos. Aportan un toque de color y son
una de las joyas de la ciudad.


Estatua de Maimónides: Eduardo Javier Rodríguez Lopera
La Puerta de Almodóvar nos permite entrar en el recinto amurallado y en el popular barrio de la Judería. Barrio que da constancia del importante núcleo judío que existió en Córdoba durante la época romana y visigótica. Abderramán III atrajo a su Corte a muchas filósofos, científicos y poetas que tuvieron su punto de referencia aquí. Paseando por la Judería hallamos la estatua de Maimónides (en la Plaza Tiberias), hijo errante de Córdoba que fue expulsado por los musulmanes y que recorrió el mundo aprendiendo medicina y religión.

Un barrio judío no es tal sin una sinagoga. La cordobesa data del año 1315 y es una de las pocas que hay en España conservada según su estructura. Terminaremos nuestro paseo en el Zoco, lugar de trabajo de artesanos y orfebres.

Sinagoga: Eduardo Javier Rodríguez Lopera

Pasear por las calles de Córdoba es trasladarse en el tiempo, volver a un pasado que nos suena actual, volver a una Córdoba mestiza y multicultural. Así deberían ser todas las ciudades.

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